Demián parpadeó un par de veces, no contuvo el mirar hacia abajo y darse cuenta que ya estaba en el segundo piso del Edificio, a un balcón de la habitación de Carol, esquivó como pudo las últimas rejas, difíciles más no imposibles, para poder llegar al balcón de Carol sin recordar siquiera como fue que llegó hasta ahí. Se bajó de los barandales y pisó por fin el suelo del balcón de ese cuarto que alguna vez Carol le había dicho era suyo. Entró deslizando la ventana hacia un lado para darse paso al cuarto, mientras las cortinas blancas bailaban entretenidas con el viento; la vio ahí observándolo, parada frente a la ventana, justo delante del closet, vestida con un precioso vestido largo tipo cocktail, le sonrió y se sentó en la cama ubicada justo a un lado de la ventana, Demián se sentó junto a ella y sintió un alivio al ver por fin cumplida la finalidad de su objetivo. Dio un breve respiro mientras trataba de dejar de sudar por el esfuerzo de haber llegado hasta ahí, se dejo caer en el colchón y sonrió, – Es bastante difícil llegar hasta aquí-, exclamó con una sonrisa y sus ojos cerrados.
En ese momento empezó a escuchar pasos, como si se acomodaran papeles, como si se abrieran y cerraban cajones y cajas , como si se ordenara y buscara algo al mismo tiempo en el ático del edificio, por el sonido le quedaba claro que eso que se buscaba era importante ya que el sonido era constante, lo que sea que se había perdido, debía ser muy importante; pero no le importó y volteó a ver el balcón por donde había llegado, de repente se dio cuenta de que el balcón que hace un par de minutos había logrado conquistar, había cambiado por completo, ahora estaba totalmente forrado de rejas, simulaba una hermosa jaula donde solo las aves preciosas desperdician su vida en un lugar digno de estás, pero limitado, Démian estaba desorientado por como la estructura de un balcón inanimado había cambiado en cuestión de minutos y justo antes de que pudiera hacer una pregunta o queja, escucho una voz que decía,- pero aún así llegaste-, Demián se percató de que no era la voz de Carol la que escuchaba así que volteó bruscamente a dirección de Carol y en vez de verla, vio de frente a Aída, una de las amigas de Carol, vistiendo una toalla en su cuerpo solamente y otra toalla alrededor de su cabello.
Demián se paró de la cama bastante desconcertado por las bromas que la realidad le jugaba, el ruido del ático aumentó, ahora parecía más búsqueda sin propósito de ordenar, sino todo lo contrario, alguien se estaba desesperando alguien se estaba dando por vencido.
Volteó al piso y pensó que hacer un par de segundos, levantó la cara hacía Aída y le preguntó,-¿donde esta Carol?-, Aída contestó,- su cuarto esta frente al mío, por el otro lado del edificio, pero supongo que eso ya deberías de saberlo, de cualquier forma no se encuentra ahí, está en el salón de castigo por haberse negado a obedecer las órdenes de no salir la noche que se conocieron, solo para verte, porque alguna vez te vio pasar desde afuera y se propuso conocerte, pero no te preocupes habremos de escaparnos como siempre.- le dijo Aída con la mirada pérdida, como si ella estuviera en otro lado totalmente; Demián aún confundido, pensó que no debía de arriesgarse a ser visto por las madres, así que al ver que ahora el balcón no era una salida viable, le preguntó a Aída cual era la forma más rápida y segura de salir de ahí. No estaba muy convencido de salir de la habitación de Aída como si nada, pero ella claramente le había dicho que a esa hora no había ninguna Religiosa en ese piso, cuando de repente se escuchó el timbre de una campanita recorriendo con su ligero sonido todo el piso, a lo que Aída rápidamente dijo,- ¡Demonios!, es una revisión de rutina, todas las Religiosas se dirigen a este piso para checar cada cuarto y además ¡ellas huelen las mentiras!-, Aída aún en toalla pensaba que hacer caminando de un extremo a otro de la habitación y Demián sin poder tener más de cinco minutos para relajarse, no podía pensar claramente por la adrenalina que lo acompañaba en ese lugar y por ese intenso ruido originado en la planta alta.
-¡Rápido, métete debajo de la cama!-, fue lo más listo que Aída pudo pensar en ese momento, claro que era una idea más de lo que Demián había podido pensar, por lo cual, obedeció sin comentarios. Alguien tocó la puerta del cuarto de Aída, -Aída, vamos a entrar-, acto seguido se abrió la puerta y un par de religiosas aparecieron del otro lado, lentamente avanzaron al interior del cuarto, miraron alrededor, abrieron un par de cajones y la puerta del baño, después una de las madres volteó a ver a Aída y le dijo, -¿Está todo bien querida?-, Aída tragó saliva brusca y fuertemente, trato de amarrar una sonrisa en sus labios y volteando hacia la religiosa dijo,- ¿Por qué no habría de estarlo madre?-, a lo que esta respondió, -No lo sé,¿ como que huele extraño no?-, mientras miraba fijamente a los ojos de Aída, y ella no pudo más automáticamente rompió en llanto y se dejó caer de rodillas tapando su rostro con sus manos. Las madres que estaban revisando otros cuartos, escucharon un silbatazo e inmediatamente dejaron de revisar y se dirigieron corriendo hacia el cuarto donde se les solicitaba, revisaron exhaustivamente hasta que encontrar a Demián debajo de la cama.
Demián reaccionó conforme a instinto y salió corriendo de la habitación, una de las madres lo alcanzó a sujetar de la camisa que llevaba puesta, pero él no se detuvo, como pudo consiguió quitarse su camisa en cuestión de segundos y en pleno movimiento, no les sería fácil detenerlo, rápidamente se dirigió hacia unas escaleras que suponían ir hacia abajo, un piso más cerca de la libertad, un piso más lejos de esa dimensión absurda que le jugaba una broma y un piso más lejos de ese molesto ruido de pasos alarmados, gastados y aturdidos, caminando agresivamente por ahí. Llegó al primer piso del edificio, sin playera y confundido, no sabía si izquierda o derecha eran la dirección correcta, entonces alguien lo jaló del pantalón, automáticamente se encontró sentado en un círculo de personas intercaladas, hombre y mujer, con él eran ocho y estaban exactos, consternado y sin playera, Demián se sentó en el suelo con ellos y trató de aprender el juego que jugaban, pero solo veía una biblia en medio del círculo que ellos formaban y sin poder entenderlo solo se quedó sentado, para su fortuna otros dos muchachos tampoco tenían playera por alguna extraña razón, pero desde hacía algún tiempo en ese lugar no había otro tipo de razones. Pasaba desapercibido, pensó que por primera vez en el día, el universo estaba de su lado. Las madres bajaron apresuradamente en fila y sin ver detenidamente a los chicos sentados en el primer piso, continuaron hasta la planta baja. Demián un poco relajado por ver que las religiosas bajaron preguntó, – ¿A qué se debe ese ruido tan intenso del ático, porque por más que baje de pisos o me aleje del techo, lo escucho cada vez más fuerte y más brusco.-, todo los chicos que estaban alrededor de él rieron, y uno de ellos dijo,- Sabes yo también solía preguntarme que eran esos ruidos, y se supone que aquí me ayudaran a dejar de escucharlos.- y todos empezaron a soltar carcajadas al respecto al unísono, por tres y medio segundos exactos, para que después todos volvieran a callar; Demián confundido y alarmado pensó que lo mejor era salir de ahí, así que volteó a preguntarle a una joven junto a él, cuál sería la salida más cercana, justo cuando ella estaba a punto de contestarle, él sintió como alguien le tocaba suavemente la entrepierna, rápidamente Demián se volvió tirando un golpe hacia esa persona, frenó el golpe justo a tiempo al ver que era una mujer y le preguntó porque ella lo había hecho, a lo que ella respondió,- lo siento, no tenemos muchos hombres interesantes por aquí, sin embargo debo denunciar, que trataste de golpearme-, acto seguido, ella empezó a gritar que un hombre desconocido intentó golpearle; a los cinco segundos del acontecimiento las religiosas salían de todas partes a lo que Demián respondió como sabía, salir corriendo….
Iba bajando hacía la salida, precipitadamente, solo podía escuchar dos cosas en todo ese universo extraño en el que él se encontraba, una era sus latidos, y otra eran esos pasos ahora totalmente agresivos y penetrantes que parecían como si alguien aferradamente escarbara en los recuerdos encerrados de otro tiempo, en este mismo, donde no cabía más que el ruido cansado de sus pesados zapatos enterrados en el ático, ya resignados a no encontrar y sin ningún otro propósito que destruir. Antes de hacer algo estúpido, frenó bajando las escaleras, miró hacia ambos lados, no había nada a su izquierda, a su derecha había dos cosas, otro grupo de chicos con la misma mirada, con la misma biblia, como los anteriores y una ventana de cristal, cristal fino y frágil, cristal que para alguien atrapado, simboliza la diferencia entre la libertad y el encierro; sin pensarlo dos veces, saltó por la ventana, girando en el aire como moneda lanzada a la suerte, azotó en el piso, pero se levantó como si nada, agarró un poco de distancia y se paró a media calle a modo de admirar la pesadilla que había superado y entonces leyó: “La Divina Elocuencia del Señor: Pensión y asilo para jóvenes con problemas espirituales”, se pregunto porque nunca había visto ese anuncio y después de una breve sacudida, siguió corriendo, al ir movimiendo sus brazos y piernas a toda velocidad, alcanzó a notar una hoja de papel asomándose por el bolsillo de su pantalón, siete cuadras después y considerando que estaba a salvo decidió leerlo, – Carol estará en el lugar donde se conocieron, llega a las once de la noche y dice que espera verte”- , Demián desconcertado de cómo y cuando le habían dado el mensaje, caminaba bajo la calle cuando se dio cuenta de algo; los pasos cada vez más agresivos, cada vez menos arrulladores, esos pasos que le habían quitado la concentración y lo habían hecho ser el motivo de burla de los chicos, que lo habían ayudado en parte a escapar, esos pasos, se habían cansado por un momento pero aún seguían ahí….
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