Nuestro propio hoyo negro…(Continuación de En lo que te Vas)
14 ago 2010 Dejar un comentario
in CUENTO, indie, literatura alterna, literatura mexicana
-Me marcho y no pienso en volver, viene una etapa de cambios…- pensaba Miguel mientras caminaba dándole la espalda a un edificio, un portero, dos guardias de seguridad, cinco elevadores, tres comedores, nueve baños, tres mil doscientos lápices, dos mil setecientas cuarenta y nueve tazas de café, un cubículo y bueno para algunos, toda una vida, yo en lo personal soy una persona cambiante, que rota por la vida, pero Miguel, él jugaba seguro, no era lo que más le gustase, no era lo que más se le antojara o atrajera, sino la más normal y aceptada, esa era la opción que él había tomado casi toda su vida, la más segura…
Miguel prometió cambiar al tener un accidente hace un par de meses donde casi muere ahogado y mientras descendía lentamente por las tinieblas de la inconsciencia, cuando la muerte le enseño su vida frente a sus ojos, no le gustó lo que vio; Miguel es una persona tranquila, con una fisiología que pasa desapercibida en cualquier lado, alguien tal vez demasiado normal y la muerte bien lo sabía, por eso le regaló otra oportunidad, soltándolo del pie, dejándole regresar a la superficie, en cuanto Miguel terminó de ver su vida estaba más enojado que asustado, la muerte olió correr el odio dentro de todo Miguel, mientras Miguel pensaba que siempre se cuidaba para algo, que siempre había tomado la dirección más tranquila y segura por algo, no sabía para que, pero estaba seguro que algún día la vida le respondería esas preguntas con un súbito cambio de la realidad; Miguel pensaba enamorarse o algo así para darle sentido a su vida, sacarse la lotería tal vez, estar en un programa de televisión, etc.… pero vaya afortunado que fue al tener tan solo un mal rato y no una mala eternidad, no a todos se nos otorga una segunda oportunidad, sea cual sea la circunstancia mi amiga la flaca, no es famosa por andar regalando vida haciendo a los hombres inmortales. Miguel alimentaba su odio pensando en que en sus sueños más locos y rebeldes lo único que hacía era escoger esa decisión contraría a la que realmente había optado en vida, imaginarse esa realidad de la opción que no escogió, esa chica a la que no pudo marcarle, esa injusticia que debió callar por miedo a ser golpeado, esa actitud que no tomó por cobarde, esas cosas que no hizo por peligrosas y todo lo que se perdió por la promesa de algo mejor que se prometió así mismo pero por cobarde nunca lo cumplió, ahora se le acababa el tiempo y debía abandonar este plano, para ir al siguiente, pero él sentía que iba como nuevo, sin cicatrices ni huesos rotos, sin accidentes más que este, sin traumas, sin alegrías, sin sueños, sin nada…
Miguel despertó en el hospital más apresurado que a dolorido, jurando hacer de la vida algo un poco más interesante, renunció a su empleo, compró boletos para las islas Galápagos con el dinero del auto, el resto más su indemnización y ahorros serían suficientes para comprarse una cámara e ir a ver el mundo por unos meses, después tal vez volver a formarse a ver la película de su vida, pero ahora esperando una mejor función, por supuesto. -Creo que extrañaré sinceramente recorrer Motolinia a medio día bajo la lluvia, siendo uno más de mil desconocidos, escuchando las gotas caer, tratando de rebasar a quien estuviera delante de ti solo para demostrarles que tienes más prisa, queriendo pretender que tú tiempo vale más, los volantes de las ópticas, la comida, todo prácticamente, es curioso como hasta que sabes que no lo tendrás o verás más, es cuando empiezas a necesitarlo…
Miguel había tenido un par de mujeres en su haber, normal también, podía contarlas con los dedos de su cuerpo, pero algunas había válido mucho para él y disfruto cada momento con ellas, de repente el aire le golpeaba distinto, Miguel sospechaba que la vida le daría sorpresas y él tenía ganas de darle sorpresas a la vida también, abordó el metro con dirección al departamento de un amigo que tenía mucho que no veía, iba a despedirse, después por sus maletas y luego a vivir el resto de su vida; la estación estaba un poco llena, pero no le pareció incomodarle, sería de las últimas veces que pasaría por ese mal, que empezaba a apreciar de repente entró al vagón, encontró un asiento y lo desocupó para dárselo a una madre con niño en brazos, después de un par de estaciones el metro se vacío y recuperó su lugar, iba pegado a la ventanilla junto a un lugar vacío, empezó a poner atención, verdadera atención al recorrido por el túnel, vi las luces de color azul y las blancas, vio las paredes viejas y cansadas del ruido, vio un claro donde entraba el agua y se sintió liberado, de repente estaba enamorado de la naturaleza, el metro paro en la siguientes estación, Miguel llevaba los ojos cerrados, imaginandosé en la playa, descansando, bailando, riendo; subieron los pasajeros y se cerraron las puertas, Miguel seguía perdido en sus pensamientos y una mujer se sentó junto a él, Miguel aspiró profundamente encantado con los pensamientos de su nueva vida y lo que entró a sus pulmones fue para él una bendición, de repente se cambió el cuadro de la pintura mental proyectada, la playa se fue, el sol estaba saliendo y él lo veía colorear poco a poco los techos, mientras el aire de la mañana acariciaba a las aves, tenía un poco de frío, pero debió de haber tenido más frío, estaba desnudo tapado solo por una sábana, con un brazo dormido, donde alguien más yacía recostada, dormía, Miguel estaba en la universidad, apunto de graduarse en Administración, era una de esas noches que había pasado con Silvia una recién graduada estudiante de Derecho con la que Miguel compartió un par de meses, meses en los cuales el novio de Silvia, un hombre ya unos diez años más grandes que ella, además un exitoso empresario, estaba fuera de la ciudad llevando acabo un nuevo proyecto que requería que él mismo estuviera ahí hasta que la nueva subsidiaria estuviera corriendo sola exitosamente.
-Sus labios eran los más suaves y sus caricias las mejores-, Miguel estaba encerrado en ese momento, de pronto él sabía que seguía, voltearía para despertarle con un beso, se levantaría al baño, se lavaría la cara iría por café a la cocina y regresaría un rato más a jugar con Silvia, era temprano todavía; el celular de uno de los pasajeros empezó a sonar, Miguel abrió los ojos, justo estaba llegando a la nueva estación también, fueron unos segundos de una reacción poco eficiente por parte del conductor que provocaron que la parada fuera un poco repentina, o al menos lo suficiente repentina como para que Miguel recordará que había terminado la universidad hacía ya un par de años y que Silvia se había ido hace muchos años igual, la dejó marcharse; abrió los ojos y vio la estación, faltaban dos estaciones para su destino y alguien junto a él tenía un aroma capaz de sacar los mejores recuerdos de Miguel. Dudo un rato antes de voltear a verla, pensaba, bueno, volteo y ¿que?, de que me servirá verla y ¿si voltea y me ve que la veo?, de pronto Miguel levantó la cara y se dijo, -¿que haces?, ¿que son ese tipo de pensamientos?, la vida te da otra oportunidad ¿y te preocupa si te ve una mujer?-, Miguel dejo salir el aire de sus pulmones rápidamente, parecía un alivio; volteó a su izquierda, una sonrisa que no podía controlar a causa del aroma se puso en su boca y dijo -Hola me llamo Miguel y tú hueles a alguien que podría caerme bien-, una joven unos años más chica que él, voltea extraña por el comentario, pero por alguna razón, ella le dice – hola, a mí también me pareces familiar-, mientras suelta una suave risa nerviosa, él sonríe, entabla una leve conversación y le pide su número, porque su estación es la siguiente y porque quiere conocerla más, ella no sabe si dárselo o no porque estas no son las situaciones clásicas para conocer a tu próxima cita, al menos para ella, pero aún así lo da, cuando Miguel le pregunta su nombre para guardarlo, ella le contesta con una sonrisa, -Silvana-, Miguel contesta un poco sorprendido,- que hermoso nombre-, mientras sonríe…
De repente el aire es extrañamente fresco, limpio y liberador, Miguel tan solo salió del metro, pero para él ese día dejó ese hoyo negro donde había estado viviendo para siempre…