Esclavo de tu propia ansiedad…
04 may 2009 6 comentarios
in 2537707, ALTERNATIVO, ciencia ficcion, CUENTO, indie, literatura mexicana Etiquetas: adiccion, ansiedad, cigarrillo, demencia, esquizofrenia, surreal, vanguardismo
Esas eran las únicas tres palabras que él pudo entender de todo lo que habían dicho, que sí bien había escuchado, no la estaba oyendo del todo y aún así esbozó una sonrisa y encendió el cigarrillo. Lentamente por fin acomodas tu labios alrededor del filtro, saboreando, inhalando tan solo un poco de muerte, de todas formas ese no es el primero, además siempre hace frío un domingo por la mañana ya que la neblina despeja y gracias al sol ves ya todo claramente; inhalar, exhalar, el cigarrillo; ese veneno ya está a salvo en tus pulmones, pero qué más da todos morimos de algo…
Empiezas a recordar hace un par de minutos antes; te levantaste y esperabas fumar un cigarrillo pero los de tu cajetilla ya se habían ido, evaporado y sus cadáveres yacían en ese cementerio que llamado cenicero; su aroma en las manos y los dientes de la ansiedad en persona entonces rápidamente te dirigiste a pedir uno de repente te nació una sed que antes no tenías, una sed muy poco común sed de humo esta vez, sería nicotina. Ya por fin tenías un cigarrillo en tus manos dispuesto a evaporarse por ti, ahora necesitabas al verdugo, dicen que lo bueno del infierno es que no necesitas encendedor pero aún no estabas ahí así que sabías que tenías que pedir uno, fumar, disfrutar, uno más, uno más….
Pero deberías ponerte a pensar de verdad que tanto es “tantito”, -¡probando!, ¡probando!, ¡pulmones probando!, está bien parece que todavía sirven, ¡buenas noticias!, al parecer por ahora esto sigue…
Vas a la mitad y ahora de verdad empiezas a analizar, sino te pudiste equivocar y si era que en efecto de verdad lo querías el humo del cigarro treinta y seis, es especialmente pesado, seco, plateado corrosivo, tal vez pudo haber sido que deseabas algo más, algo distinto, tal vez líquido, quizá plastificado, en vino, en líneas, o ya encapsulado.
Mientras pensabas, no dejabas de fumar, entonces ya es que entiendes, porque es que aquella voz que tú te imaginabas, no paraba de cantar que de entre otras cosas, eres esclavo de tu propia ansiedad…
® Hecho en México, todos los derechos reservados 2009.