Mareos Distantes….
24 jun 2009 1 comentario
in ALTERNATIVO, ciencia ficcion, indie, literatura mexicana, modernismo literario, romantico Etiquetas: AMOR, ATIPICO, destino, relacion, surreal, vanguardismo, visiones
La maleta y la guitarra estaban todavía empacadas, pero él estaba tan cansado que necesitaba salir por un cigarro, para relajarse un poco y despertar, solamente estaría esa noche en la ciudad y quería conocerla, mañana partiría nuevamente a un lugar un poco más alejado, menos civilizado, pero no por eso menos interesante. Habían sido aproximadamente unas doce horas del viaje, pero por fin ya estaba ahí. Salió del cuarto y empujo el botón del elevador. Entró al elevador y notó tres personas en él, las primeras dos eran un par de ejecutivos, de trajes negros similares, camisa blanca y corbatas similares, lentes de sol similares, portafolios similares, expresiones similares, pero aún así eran un poco distintos, la tercera persona era una mujer de unos cuarenta y dos años que se veía serena y concentrada en un pensamiento a la vez. Subió al elevador, se recargo hasta en la parte posterior, mientras las puertas se cerraban, con ellas también sus párpados se cerraron por un momento…
-Sonó la campana del elevador, desperté, y enseguida vi que yacía acostado, en el piso del elevador, desnudo pero sin frío, un poco cansado y un poco adolorido, con zumbidos en mi cabeza y vibraciones en el cuerpo; todo parecía indicar que había pasado una noche de fiesta, note después de tratar de recordar que hacía ahí sin éxito, a la más hermosa escultura humana que jamás haya visto, la manera en quelas luces y espejos de elevador se reflejaban en ella, la hacía ver perfecta, frágil, una obra de arte bañada en dedicación por parte de un escultor bastante experimentado, un escultor que sabía exactamente que hacía y como lo hacía, cada línea dibujada en su cuerpo era hermosamente pensada, estaban justo en donde debían, la simetría de su cuerpo era impecable y la cara hacía un juego perfecto con el cuerpo, estaba frente a mí, descansando profundamente. Llevé mi mano izquierda a mi cabeza y descanse un poco de lo aturdido que estaba en ese momento, todo volvía a ser borroso, pero no estaba seguro si dolía realmente. Antes de desvanecerse otra vez por completo alcance a leer escrito en mí brazo Isabel Red, en letras rojas y grandes, acompañado de una serie de números. Todo se volvió borroso después de eso, pero sabía que la puerta se abriría, ya era solo cuestión de tiempo. Desnudo y aturdido uno pone resistencia al tiempo, pero no importa cuánto quieras o dejes desear, desde que inventamos el reloj, nos esclavizamos a un tiempo lineal. Nos esclavizamos a cosas que nosotros inventamos, cuando ni siquiera nosotros estamos convencidos de funcionar realmente bien. Desnudo y aturdido, la métrica del tiempo me arrollaría eventualmente…
Volví a abrir mis ojos y todo era más claro, por un momento fue dar un respiro, como aquel que sale del agua para volver a adherir oxígeno a sus pulmones después de casi quedarse dormido, darse por vencido y estar totalmente cansado, súbitamente es arrebatado al aire de regreso. Las luces eran en extremo brillantes, ciertos reflejos dejaron una estela por un momento, había unas personas conmigo en el elevador, una mujer que se había subido un piso atrás, me saludaba de manera amistosa, su sonrisa era la única cosa con brillo verdadero de ahí, vi sus labios moverse pero solo pudo sonreír y estrechar su mano, el elevador paró, mi piso había llegado, solo ella y yo nos bajamos ahí, le cedí el paso y volví a mostrar mi sonrisa con cierta mirada con afecto por algún motivo que aún hoy no me puedo contestar, al salir me dijo que haría una fiesta en su habitación, me dijo que iría tan solo a comprar un par de cigarrillos y hielos, pensé que podría necesitar una mano así que me ofrecí a ayudarle, me dijo que nos íbamos en su coche, preguntó mi edad, sonriendo le dije que tenía los que fueran necesarios para ir a su fiesta, soltó una risa y me guiño el ojo.
Pasaron como diez minutos para que me diera cuenta que tan solo había visto sus ojos y su sonrisa ni siquiera sabía el color de su cabello o que traía puesto, mi celular empezó a sonar rápidamente, era la llamada que había estado esperando, esta llamada decidiera mis próximos días y era importante tomarla lo más lúcido posible ya que sería larga y delicada, pero la batería murió al sonar, aventando su última chispa de vida a través de la pantalla, necesitaba el cargador, necesitaba hacer la llamada, le sonreí a mi acompañante musa potencial y le pedí que me dejara cerca, debía regresar al hotel en ese mismo instante…
El final de una historia supone el principio de otra y este final sabe a principio, un gato se pasea por las ramas de los árboles del parque, salta y corre, dibujando figuras de gran agilidad con su cuerpo en el aire, cae al pasto respira y observa antes de continuar su camino, un joven se baja del auto, viene de copiloto, con una sonrisa que difícilmente podría borrarse, el diestro felino se acerco a escuchar que era lo que hacía tan feliz a este muchacho. –Oye pues ya me sé el número de tu cuarto, en cuanto pueda iré a visitarte, tengo que hacerme cargo de unos negocios primero, dame tu celular y yo te llamo-. Sacó el celular y recordó que no tenía batería; -¿Apuntas el mío?, ¿tienes un lapicero o algo con lo que pueda apuntarme tu nombre y tu número?, por cierto ¿Cómo te llamas?-.
-Ja, ja, ¡no me traje mi celular yo tampoco! Y lo único que encontré fue este plumón, es cierto, ¿cuál es tu nombre?-, dijo ella con sonrías que empezaba a lastimar sus mejillas pero no era incomodo, era más bien inevitable.
Él se quedó viendo detenidamente al plumón, poco a poco todo empezaba a armarse en su cabeza, todo tomaba forma, se quedó exhorto en sus pensamientos y ella tomó un poco de aire por un momento para decir, -mira yo me llamo Sofía-, le tomó la muñeca con una mano y con la otra empezó a escribirle su nombre y debajo su número celular, la cara de asombro que poseía él en su expresión no daban señas de una sonrisa reciente, por ese motivo el no podía escuchar todo lo que Sofía le decía,- mira te voy a poner Sofía Red, por si conoces a alguna otra Sofía de aquí a que nos vemos, para que me recuerdes mejor y no olvides el color del plumón para que no olvides cargar tu celular-, y se regalaron un suspiro.
El auto da vuelta hacía la izquierda, se aleja lentamente del parque donde, un gato no sabe si saltar o deslizarse, no sabe si voltear o si moverse, no sabe si dejar de ver a ese joven que al parecer, se le ha olvidado cerrar la boca, pero tiene cara de que cuando la cierre se volverá bastante confiado…
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“Te imagino pelirroja”
16 mar 2009 6 comentarios
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-Te imagino pelirroja, te imagino libre y salvaje, te imagino pelirroja y tan apasionada, como intenso tu cabello, te imagino mágica, rítmica, musa, interesante, incomprensible, que sigues como siempre te he conocido, porque siento que desde siempre te he conocido, jamás te he entendido, pero definitivamente siento que te conozco de siempre…- murmuraba Oscar en su cuarto, atado a su cama, asegurado con una camisa de fuerza, pero con una mirada tan ausente, que hasta podría pensarse, que estaba cómodo.
Oscar volteó y se le quedó viendo a un espacio vacío de la habitación, fijamente, mientras levantaba la cabeza y tensaba su cuello, decía,- Déjame contarte la historia amigo mío…- el guardia pasaba por el pasillo fuera del cuarto de Oscar, se acerco un poco al cuarto para checar que todo estuviera en orden, escuchó lo que Oscar estaba diciendo, se imaginaba que Oscar le hablaba al espacio y que en otras palabras solamente decía…. -Tengo tan dulces memorias tocando en mi cabeza, déjame tocarlas para ti.- El guardia sonrió con una mirada amistosa, movió la cabeza expresando un no, y siguió su camino.
-Si bueno, mira la historia comienza más o menos una noche que cambio mi vida. Yo la vi y la noté ausente, distante y yo mismo admito no me vi bastante interesado, lucíamos totalmente distintos, ajenos a nuestro mismo universo, pero por algo igual me acerque, no podía dejar de verla, no podía, no quería, su imagen cada vez se me mostraba más grata ante mis ojos, cada momento, ganaba brillo; ella volteó y sonrió en el momento perfecto, de algo que le habían dicho, ella me vio con una gran sonrisa en la boca, me contagió la sonrisa, le hice un gesto de saludo, al que respondió tranquilamente, y no pude dejar de mirar, estaba asombrado, unos minutos más tarde, ella me vio un par de veces más, mientras prendía un cigarro, mientras le servían hielos en su vaso, siempre esperando el momento exacto para probarme, si de verdad estaba viendo.
Yo nunca me consideré un poeta, menos un escritor, jamás un gran artista, ¿sabes?, siempre he sido un tipo tranquilo, dentro de lo que cabe normal, me gusta un poco el deporte, escuchar música, y salir de vez en cuando, no me entiendas mal, sé que no parece así, cuando me ves en una camisa de fuerza atado a una cama, ¿cierto?, bueno mira, tienes que darte cuenta, el amor hace a uno hacer cosas, cosas, distintas…-.
-El pianista del lugar, estaba tocando algo suyo, original, bastante alterno y mientras que yo estaba maravillado de cómo, cuándo empezó esa canción, que simplemente no entendía, en una noche en la cual me preguntaba porque exactamente había ido a ese lugar, porque no pude dejar de verla y porque ella sonreía mientras caminaba hacía mi, a pedirme que bailara, ella dijo que le encantaba aquello que sonaba en el lugar, todo eso era algo que no entendía…. -.
-Nuestro baile fue tan dulce, de amigos, no de otra cosa, inocente, divertido, simplemente todo estuvo un poco más claro, por un par de minutos. Me regalo un beso esa noche, no debió de hacerlo, fue bastante atento de su parte, medicina natural para la sangre, lo juro.-
-Le llame un par de veces, pero siempre estuvo ocupada, aunque jamás ausente de mi pensamiento, un día caminando por la ciudad, me la encontré, y no la deje ir hasta que tuviera tiempo de ir a cenar, así que fuimos a cenar y noté que no la conocía bastante, hubo veces que se puso pesado el ambiente, opinábamos totalmente distinto de algunas cosas, queriendo hacer reír, la hice enojar una vez, dijo algo que incluso me atacaba a mí, ¿sabes?, pero en cosa de 15 segundos, alguno de los dos decía algo realmente gracioso, y todo estaba bien otra vez, reíamos eternamente como dos niños que contemplan una buena travesura de la cual salieron impunes, bastante extraño, la acompañé a su casa y no sabía cómo sentirme con respecto de la noche, porque a pesar de haber tenido esas discusiones que obviamente no planeabas, me la había pasado bastante bien, así que no sabía que pensar, entonces no pensé en eso por un rato.-
-Habrá sido una cuestión de un mes yo creo, pero jamás me marco, me la volví a encontrar en otro lado, con alguien, lo más extraño es que al verme, lo vio y sonrió nerviosa, como si supiera que me disgustaría, se acercó me saludó y me presentó a su amigo, aclarando su condición de amigo y cualquier cosa que pudiese suscitar un mal entendido, obviamente yo no esperaba una reacción así, había tratado de no pensar en ella después de todo, le volví a dar mi número y le comenté de un par de planes que tenía acerca de viajes, conciertos y excursiones que haría durante el mes, y que si le gustase el acompañarme haría de todo eso un grato recuerdo, era un mes muy activo, lo juro. Hasta la última semana, cuando estaba más inmerso en otras actividades que en el grato ocio de recordarle, fue que me marcó a las 3:30 a.m., para hablar conmigo, para decirme que la próxima semana me acompañaría, que extrañaba mi compañía, que había escuchado esa canción del día de cuando nos conocimos, que ya era famosa en la ciudad, que había viajado un poco ella también por ahí, que ya sabía que canción bailaría en su boda, que ya tenía una nueva amiga bastante peculiar, y que entre otras cosas me abstuviera de hablarle de otras mujeres mientras hablaba con ella, empezó a poner inconscientemente unas reglas de lo que no debía hacer para mantenerle y yo estaba maravillado, su sinceridad, la encontré dulce y melancólica a la vez, de experiencias cansadas, que ella pedía no repetirse, con esto, me hizo caer bajo un hechizo, todo se hizo más lento, tomo sentido, tomo sentido…-.
-Salimos, tuvimos un par de días mágicos y jamás nos volvimos a separar por meses, éramos como la enfermedad y el antídoto a la vez. Un día tuve que salir, mi empresa se había asociado con una más grande y debía viajar a un congreso donde tal vez me ascenderían de puesto, pero ella no pudo venir conmigo, en fin…-.
-En el congreso, empecé a notar que todo el mundo me veía de una forma extraña, de una forma que jamás había notado, pero creo que no había notado mucho estos últimos meses, aquello era perfecto, pero también tuve la oportunidad de socializar con otra gente, y me daba cuenta que se decían muchas cosas acerca mí, y pensé que era muy curioso que todos en la empresa se conocieran, que conocieran a todos, no los recordaba tan amables, pero en realidad todos conocían a tan solo unos de cuantos, y ser uno de esos o era bastante bueno o era bastante malo, me di cuenta que solo eran amables, para poder tener un pretexto, de hablar a tus espaldas, y si eras de los extraños, no te agradaría. Yo era uno de esos y supuse que eso no era bueno, nos llevaron a una plática diferente, solo a algunos, a los diferentes, la plática era acerca de drogas y stress en el trabajo, pero yo seguía sin entender que estaba pasando, todas las tardes, antes de la cena con todos, iba a sesiones psiquiátricas, se me acusaba de hablar solo, ausentarme del trabajo por días, cada vez más frecuente, y presentar conducta ausente en el trabajo, no sabes lo frustrante que se sintió; conviví y demostré que no estaba loco, al final del congreso, hasta hice un par de amigos, pensaba todo lo que tenía que contarle, y lo que ella tendría que contarme. El problema fue cuando alguien en la cena, trajo al tema en forma de broma, que con quien hablaba, cuando lo hacía solo y sonreía, ¡ jamás he hablado solo!, así que dije, que yo no recordaba hablar solo, que o hablaba con alguien del trabajo o hablaba con mi chica, cuando se dignaba a ir por mí al trabajo, pero nadie la conocía, y de repente todos volvieron a verme, como lo hacían el primer día.-
-Aprovechar lo que llaman, un momento de lucidez en mí, era lo que querían, para asimilar mi deficiente realidad, no pude creerlo, de ahí todo lo fui perdiendo, falta de motivación dicen, depresión severa, que sé yo, digamos que el brillo dejo de aumentar, tratando de jugar a poeta, pero en palabras reales, yo deje de ser tolerante sabes, todo perdió importancia, todo se volvió tan vacío, deje de dormir, llegó a haber días en los que todo era más gris, incluso veía al sol salir frente a mí y solía gritarle ¡yo no duermo desde hace un par de meses porque tú no brillas igual!, esa era la consecuencia de no poder apagarme un rato durante tanto tiempo, no podía y no quería, todo carecía de un motivo, recuerdo que mi comida tenía ceniza encima y mi jugo un toque de vodka, incluyendo la leche del cereal, al desayunar, aunque rara vez, solía comer algo. –
-En fin, la reporté desaparecida después de un par de meses, yo sé que hice mal al esperar tanto, pero surgieron mis dudas, ¿entiendes?, no es fácil confiar si quiera en ti mismo en estos días, un día llamaron, creían que la habían encontrado, encontraron el cuerpo de una mujer con un rostro borrado por un aparatoso accidente automovilístico del cual fue víctima, al ir manejando en estado inconveniente.-
-Tomé la llamada tranquilamente, pero al colgar algo dentro de mí se venció, era como si estuviera hecho de esculturas de cristal, formando un soporte y por mis oídos se colaba una pesada bola de boliche que se dirigió directo a estas, dejando no más que polvo en mí..; recuerdas eso que dicen que muerto el perro se acabó la rabia, pues no es cierto, para matar la rabia hay que atacar a la enfermedad en sí y no al portador, pues al parecer mi portadora estaba muerta, pero la enfermedad, era más latente que nunca.-
-Llegué a donde me citaron, recuerdo que tenía la bolsa del cuerpo frente a mí, me preguntaron si estaba listo, pero yo no entendía porque tanta demora. Me mostraron el cuerpo, lo admire lentamente al instante, centímetro a centímetro, el parecido era asombroso, pero no era ella, no era ella, no lo era, no lo era. No lo era, perdí un poco el control, resulta que era una falsa alarma y simplemente me desvanecí, cuando regresé, pensé que mis manos sangraban, pero no me dolían, entonces me di cuenta que solo estaban llenas de sangre, después note que la sangre provenía de dos médicos forenses, que al parecer yo, había matado, mal día para salir de mi casa, te lo juro…-.
-Fui juzgado, ¡y lo mejor que me pudo conseguir mi abogado fue esto sabes!, pero no creo estar loco, sé que esta por ahí, solo juega conmigo, solo juega conmigo….-.
Ramón venía de regreso, de vigilar un par de celdas más, a checar a Oscar, era hora de su medicina, un par de inyecciones, para mandar a dormir al campeón que tanto le gustaba madrugar, sabía que lo relajaría un poco, ya que cada vez tendía a ponerse más alterado y eso no era bueno.
Un par de horas después Oscar despertaría, trataría de recordar en donde estaba, cuál era su nombre, su realidad, fijaría la vista en un punto al aire y por ese momento y solo ese, por ese instante, no poseía una mirada ausente, solo para perderla infinitamente más profundo al instante siguiente.
A Ramón le parecía que Oscar hablaba con el sol y por eso le gustaba madrugar y hablar mientras los rayos entraban por la ventana de su existencia, a través de la ventana de su cuarto, solo para volver a empezar, eternamente, una vez más…
-“Te imagino pelirroja, alegre y loca… te imagino pelirroja….”-.
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A mayor intento, mayor derrota…
07 mar 2009 9 comentarios
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-Mira,- dijo entrando por la puerta – ambos sabemos que no soy perfecto, ambos sabemos que nada lo es, he llegado hasta aquí porque ¡no aguanto más!- ella intentó callarlo, debido a la preocupación de crear una escena en su nuevo trabajo, uno de tantos restaurant-cafeterías de New York, pero solo logró que él perdiera la paciencia al sentir que si bajaba la voz, ella lo haría callarse por completo y todo el valor recurrido para llegar hasta ahí sería en vano, por lo que empezó a alzar la voz, que era lo que ella justamente quería evitar. Prosiguió como si ella tan sólo le hubiera pedido que alzara la voz.
- He visto el atardecer perderse en tus ojos, he pensando en mí dirección a futuro por la falta del aroma de tu pelo, he amado mi pasado porque tú estabas ahí y he descubierto cómo el sueño y la comida son cosas que están en un segundo plano si de ti es que se trata; quiero saber cómo fue que llegamos hasta aquí, me he desvivido pensando, ¿qué fue lo que hice mal? y admitiendo que mereces algo mejor- Marcos dio un breve suspiro, la emoción empezaba a provocar sudor, bajó el volumen y la velocidad de su voz-. Sabes que no soy de cumplidos, que es una maldición mía el ser callado y frío, orgulloso por tiempos y un imbécil de tiempo completo si es que de entenderte se trata, pero a estas alturas ya deberías saber lo hermosa que eres, que tus ojos son unos espejos preciosos, que tu forma de ser es la correcta y que tu sonrisa es precisamente lo que estaba buscando en este mundo gris y frío-. Hubo un breve silencio, por su parte Marcos se sintió incomodo al darse cuenta de que era un silencio compartido entre cincuenta personas; y a la vez un silencio relajante, ya que poseía toda la atención de Fernanda. Tomó un poco de aire y continuó- tal vez no esté listo para dar el paso y tal vez soy de la opinión de que nada es para siempre, pero he pensando una y otra vez acerca de esto y el único instante en el que no pienso en esto es porque estoy pensando en ti. Llegué a la conclusión de que hay cosas que no deben de pensarse dos veces a menos que se quiera dudar, por otro lado sacar la probabilidad es bastante imposible, pero sólo quiero intentarlo… sé que si de ti se trata querré intentarlo día con día y minuto a minuto, así que perdona lo improvisado de esto. Venía decidido balbuceando lo que te diría de camino, cuando me di cuenta de que me faltaba algo, y este fue el primero que se me cruzó en mi camino.- Sacó una pequeña cajita de su gabardina, con las manos temblando; ella sintió que se desvanecía, en sus peores y mejores sueños ella había tenido esta escena. ¿Cuál era la única diferencia entre estas? En una de estas ocasiones esa persona era alguien diferente.
Abrió la caja y un anillo se asomó al mundo, brillante y fino, con ojos de rubí y labios de esmeralda, e hincándose en el piso, Marcos le dijo- Fernanda, hazme el hombre más feliz de la tierra, ¿te casarías conmigo?-. Los ojos de ambos se llenaron de lágrimas, pero eran por motivos diferentes; pánico por una respuesta de un lado y tristeza por una pregunta del otro, no son motivos tan diferentes si del sabor de las lágrimas se trata, pero en este caso estos motivos estaban bastante separados. Rompió a llorar y lo abrazó en el piso, donde Marcos estaba arrodillado mientras una ola de aplausos lo bañaba en su cálida gloria. La calma invadía todo su cuerpo, pero este sentimiento no le duraría mucho, ya que en cuanto Fernanda pudo tomar un respiro le susurró al oído -No te amo, no te merezco, no se cómo pagarte lo que por mí has hecho, pero lo siento, no siento lo que tú por mí, jamás lo he hecho. Sé que la pelea del otro día fue estúpida y todo se salió de control, pero yo así lo planeé-, tomó otro respiro y prosiguió,- te agradezco por todo este par de años, fuiste tú el novio perfecto y esa fue la única razón por la cual seguí junto a ti tanto tiempo, pero no te amo, nos hemos engañado- y las lágrimas volvieron a brotar desde los ojos de Fernanda, solo que esta vez poseían un cierto sabor a alivio.
Él se hallaba en una especie de shock encantador, uno de esos donde sólo ves, mas no sientes y la información que recibes es tan fuerte que no la piensas, sólo estás ahí esperando a que un rayo de esperanza te aclare la vida, -espero algún día me perdones-, concluyó Fernanda, – este problema no tiene remedio, es de mi naturaleza; jamás amaré un hombre, no es exactamente mi destreza y lo siento pero debo ser franca, no puedo más con las pesadas cadenas de mi alma que día a día me están matando- .
Él se levantó, la tomó de los hombros y la alejó un poco sin decir una palabra, se dio la vuelta y abrió la puerta; desapareció con el sonido de la pequeña campana de viento sujeta en la parte superior de la puerta, campana usada para indicar cuando alguien entra, cuando alguien se va, no indica derrota o triunfo, ni el sentimiento con el cual la persona se marcha, solo entradas y salidas, solo eso…
Se marchó con el anillo ahí enterrado en una almohadilla dentro de la caja de la joyería; la joyería que alguna vez Fernanda le dijo a él que era su favorita de todo el mundo. Aún seguía en shock, había sido la derrota más grande de su vida, ni siquiera notó que estaba a mitad de una lluvia torrencial, todo permanecía en silencio alrededor de él, hasta que el agua entró suavemente a su boca…
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